El lóbulo frontal fue la zona cerebral que se desarrolló más tardíamente en la evolución humana. Y tiene una capacidad mucho más grande en relación a los demás animales. En esta zona es donde se ha reconocido 

científicamente que reside lo que denominamos conciencia, entendida en su vasta extensión, así como los sentimientos, las emociones y todo lo relacionado. Acá, en esta zona del cerebro, es dónde se establece que también habita la felicidad y todas sus dimensiones. Muchos estudios se refieren a esta zona como la determinante para entender por qué somos como somos y nuestras diferencias con las demás especies. En unos estudios recientes se estableció al hombre más feliz del mundo (ya menciondo en un post anterior) al que activaba con mayor energía esta zona. La cuestión es que esta parte cerebral (desterrando la idea hasta hace poco vigente de que el cerebro es inadaptable), gracias a la desmostración de la idea de neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para replantearse sus funciones, se puede potenciar y desarrollar. La idea es que si esto es posible, el concepto de felicidad también es desarrollable. Muchos de mis post van en esa línea, en comprender que la felicidad parte de nuestra propia actitud. El hábito, entendido como apariencia, no hace al monje, pero la actitud de un monje crea a un monje. Igualmente, sin perder la perspectiva, y partiendo del principio de adaptación cerebral, la felicidad necesita un entrenamiento constante, porque si no, se estancaría, o lo que sería peor, se atrofiaría, y de ahí nacerían conflictos emocionales que podrían llegar a ser irreparables. La felicidad está en movimiento constante y de ahí su difícil interpretación racional y comprensión espacial. Se nos abre una nueva dimensión del concepto de felicidad y la de la forma de conseguir ese estado de conciencia interna.

Se consideran nuestro centro y hogar emocionales de control a nuestra personalidad. No hay otro parte del cerebro donde las lesiones pueden causar una variedad tan amplia de síntomas(Kolb & Wishaw, 1990). Los lóbulos frontales están envolvados en la función del motor, solucionar de problema, la espontaneadád, la memoria, la lengua, la iniciación, el juicio, el control del impulso y el comportamiento social y sexual. Los lóbulos frontales son extremadamente vulnerables a lesión debido a su localización en el frente del cráneo, del la proximidad a la ala del sphenoid y de su tamaño grande. Los estudios de MRI han demonstrado que el área frontal es la región más común de lesión que sigue suave a moderado lesión del cerebro.

Hay diferencias asimétricas importantes en los lóbulos frontales. El lóbulo frontal izquierdo está envolvado en el movimiento relacionado de la lengua que controla, mientras que el lóbulo frontal derecho desempeña un papel en capacidades no-verbales. Algunas investigadores acentúan que este papel no es absoluto y que con mucha gente, ambos lóbulos están envolvados en casi todo el comportamiento.

El disturbio de la función del motor es caracterizado típicamente por la pérdida de movimientos finos y de fuerza de los brazos, de las manos, y de los dedos (Kuypers,1981). Las cadenas complejas del movimiento del motor también se parecen ser controlados por los lóbulos frontales (Leonard et al.,1988). Los pacientes con daño frontal del lóbulo exhiben poca expresión facial espontánea, que señala al papel de los lóbulos frontales en la expresión facial. La afasia de Bronca, o la dificultad en el discurso, ha sido associado a daño frontal por Brown (1972).

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